“Chica de Singapur”

” Última llamada para los pasajeros del vuelo JQ 117 con destino Bali “ Eso escuché mientras veía su robusta mochila desfilar por la puerta de embarque.

Perdí mi vuelo a Shanghái. ¿Qué por qué? Bueno llevo tantos meses de viaje que realmente no sé en que día vivo. Cuando fui al mostrador para realizar el “check in”, me dijeron que mi vuelo ya se había marchado. Ayer concretamente. Claro hoy es día 22 no 21. Yo pensaba que hoy era 21. Imaginaros la cara de tonto que se me quedó.

Empecé un poco difuso a pasear por el aeropuerto de Singapur. Llevaba tanto tiempo tirado por las calles de Asia que decidí calmarme un poco y disfrutar de las comodidades que presenta este aeropuerto. Gimnasio, televisiones, playstations y cine. Todo un lujo. Mientras vagabundeaba mirando los mostradores de las líneas aéreas la vi. De tez morena, cejas pobladas y pelo negro. La vi leyendo un libro, toda tirada, con su bártulos desparramados, con una actitud de ” me importa una mierda lo que penséis de mí”. Me atrajo. La verdad que al principio me daba vergüenza molestarla, pero que demonios. Acabo de perder un avión y no tengo nada que hacer. La interrumpí con un ” Perdona que te moleste ” Pensé en tirarme el pisto y decirle,” Algún plan para alguien que acaba de perder un avión”. Pero que va, suficiente con haber hecho el atrevimiento de hablarle como para encima ir de flipado. Le pregunté simplemente que si sabía donde estaba el cine, que me habían dicho que había uno y que no sabía donde se encontraba. Ella aparto la mirada del libro para mirarme. La verdad es que fue una mirada un poco borde. Una de sus gruesas cejas se arqueó hacia arriba dejando ver que claramente la moleste.

-Sigue recto hasta el final de la terminal y en el segundo piso a la izquierda está”.

Tras la breve contestación volvió a escabullirse en el libro. No pude tirar más del hilo, se me metió el rabo un poco entre las piernas. Todo el orgullo de gallito que había sacado para hablarle se me había desmoronado al ver su respuesta desinteresada. Aún así, veo en su forma de hablar algo similar, sin pensarlo, pregunto;

-Perdona ¿de donde eres? Tú acento me resulta familiar.

Ella levanta la mano enseñando su palma. Veo como sus ojos se mueven de lado a lado de una forma veloz, acabando los últimos regiones de esa página. Mete el dedo en el libro para marcar por donde se ha quedado, lo aparta de su cara y me contesta:

-Soy Mexicana.

Sonrió y le digo:

– Lo sabía – y continuo con un -¿Qué haces por aquí?

Ahora si consigo enredarla un poco a hablar. Me gusta su sonrisa, se nota que es sincera. Eso me encanta. Le cuento lo de mi avión, que lo he perdido y que no sé muy bien que hacer ahora.

-Estoy abierto a cualquier plan- Le digo.

Ella me mira, hace una mueca con la boca dejando ver sus hoyuelos, y me dice, – Tengo un vuelo dentro de 8 horas ¿Qué quieres hacer? –

¡Qué mirada! ¡Qué intensidad!, ¡Que belleza!. Casi entro en un estado barbitúrico dejando caer mi baba por la comisura de mi boca. Tardo en reaccionar.

¡Vayamos a Singapur!¡A explorarla! 8 horas son horas de sobra.

Ella acepta.

-Vale, así me quito un poco la hueva, que vengo algo cansadita del viaje. Dejemos las mochilas en una taquilla y vayamos.

Llevo hablando con ella 5 minutos, el tiempo que hemos tardado en encontrar las taquillas, y parece que la conociese de toda la vida. Su nombre es Iyari y la verdad, no sé si será cosa de la química, a mi me gusta más pensar que es su aura o la energía que la envuelve, pero llevo escuchándola anonadado todo este tiempo. Sólo quiero escucharla y escucharla, que me siga contando. Tengo los ojos muy abiertos, presos de la emoción, no quiero perderme ni un detalle, ni un gesto, ni una expresión.  Estoy atolondrado.

Hablamos y hablamos sin paran los 40 minutos que dura el trayecto de metro. Sé que han sido 40 minutos porque lo preguntamos antes de montar, pero el tiempo para mí está desfasado. Me gusta mucho. No puedo evitar ser tan enamoradizo.

Salé ella primero del vagón, me quedo atrás. Me nacen mil dudas fruto de mi inseguridad. ¿Y si yo no le gusto?. Me entra un mal en el estomago, que me hace intimidarme un poco y frena todo el éxtasis que estaba viviendo momentos atrás.

Paseamos juntos. Cada vez estamos más próximos. Yo me choco con ella de vez en cuando buscando alguna señal que me diga que le gusto para lanzarme como un depredador a un corderito. Quiero devorarla. Me gusta tanto la ternura con la que habla, la suavidad de sus palabras, su acento. Me gusta tanto sus gestos y su sincera sonrisa. Me gusta.

Compramos un par de helados, y nos sentamos a ver la bahía de la ciudad. Con el helado tengo que hacerle el típico juego de mancharle un poco la nariz, a ver si ya así de una vez por todas consigo darle un beso. Meto el dedo en el helado y voy directo a restregárselo por su nariz. Ella intenta frenar mi mano, la hace desviarla un poco a al derecha. Al final le restrego el helado por la mejilla.

-¡Maldito pendejo!

Grita en un tono amigable. Mete tres dedos en el helado. Yo salgo corriendo, ella salé atrás mía, me atrapa e intenta mancharme la cara. Agarro sus dos muñecas y ella queda junto a mí. Noto su cintura pegada a mi cintura. La miro fijamente. Quiero devorarla. Me empiezo a empalmar un poco. No entiendo como pero acabamos separados. Se palpaba la tensión en el ambiente. Estaba todo hecho. Le pido perdón. Ella se limpia el moflete y la mano con unos pañuelos que traía.

Me entra un gran malestar en el estomago, una presión. Sé que no es mi estomago, que es mi orgullo. Es mi ilusión quemándose lo que me duele. Pensaba que iba a poder acariciar su morena piel, besar toda su cara y parece ser que no. Siempre me pasa lo mismo, me ilusiono tanto y a velocidad tan rápida que cuando veo que no es posible, la desilusión es mucho mayor. Tomo aire. Tomo aire aún más fuerte. Y pienso, bueno al menos estoy aquí con una chica magnífica, no tengo de que quejarme. Aunque aún este preso de la desilusión, me sale una débil sonrisa en la cara. A fin de cuentas soy un privilegiado.

Decidimos ir a tomar un café, estamos más distantes. Ahora ya no vamos charlando, no fluye. Todo tema de conversación muere a las tres frases. Antes da igual que tontería fuese que podíamos estar hablando de ella hasta lo impensable.

Una parte de mi esta luchando por estar contento, por mostrarse seguro y feliz frente a Iyari, pero otra parte de mi ser esta llorando debajo de mil sabanas y no quiere salir más de ahí. Empiezo a darle vueltas al asunto. No tengo nada que perder, es una chica que he conocido hoy y que seguramente no vuelva a ver más en mi vida. Porque no le digo lo que siento. Vale, me parece buena idea. Durante el café se lo digo.

Nos sentamos a tomar café en una pequeña cafetería, estamos en una esquina. El sitio es bastante intimo. Pedimos nuestros respectivos café. Ahora todo es tenso, ninguno de los dos resuelve a decir nada coherente. No hay conversación. Inflo mis pulmones, la miro directamente a los ojos. Voy a decirle que me gusta. – Iyari. Yo. A mi. –

De repente noto su pie restregándose por mi muslo. Al principio no sabía muy bien que estaba pasando, ojeo hacia abajo buscando una explicación. Cuando consigo entenderlo, la observo y le suelto una sonrisa cómplice. Toda la tensión se acaba de ir. Respiro profundo y la contemplo con ojos de vicioso. Ella me mira igual. Aumentan nuestra frecuencia respiratoria, puedo escuchar su respiración y ella seguramente la mía. Cada vez me restriega más rápido el pie por la entrepierna. Se muerde el labio. Me levanto torpemente. Y me abalanzo sobre ella. Como deseaba morderle su moyoso labio inferior. Estoy sentado encima suyo en la silla. La beso sin descanso, casi no puedo respirar, ya no sé si le doy besos en la boca, en el moflete, en el ojo o en la cara. De repente veo que alguien me esta agarrando por el hombro. Es el camarero, me dice que ese tipo de comportamiento no los admiten en ese establecimiento y amablemente nos invita a irnos. La miro y me rió al tomar conciencia de lo que acaba de pasar. Ella también se ríe. Esta toda despeinada. Pedimos disculpas y salimos del establecimiento. Rompemos a reír y acto seguido nos miramos. Otra vez esa mirada viciosa. Me coge del antebrazo y me dice con voz susurrante – Sígueme -. Empezamos a correr. La voy parando y estampándola contra las paredes de los infinitos edificios de cristal que acosan el cielo de esta ciudad. La estampo y le muerdo el cuello y las mejillas, dejo mi mano deslizarse por debajo de su camiseta, saco mis uñas y voy frotando suavemente su espalda. Cuando me acerco a sus tetas me detiene. Me vuelve a mirar con esa mirada que hace que mi pene se empalme más.

Me agarra del antebrazo nuevamente y a echar a correr. La sigo preso de la lujuria, de su aroma, de su pelo, de su piel. Preso de su encanto. Preso de ella. Vemos un centro comercial. Nos sale una risa de complicidad y vamos hacia él. Intentamos disimular un poco comenzando a ver prendas en una tienda de ropa. Ella coge un par de camisetas y me dice – Ven, ven aquí, mira a ver como me quedan. – Voy detrás hipnotizado. Se mete en el probador rápidamente. A mi me deja en la puerta. Yo doy un golpecito suave en la puerta de este y susurro – eh y yo qué-

Ella responde:

-No. Tengo que probarme la camiseta. Espera.

Un momento después se abre la puerta del probador. Y ella estaba ahí, con un dedo en boca y toda desnuda. Dejándose ver. Haciendo que la oteé. Me quedo inmóvil. Delirante. Feliz. Entro en el probador y cierro rápido.

Manoseo lentamente la curva de sus caderas. Voy deslizando mis manos por toda su espalda, llego hasta su nuca. Dejo que mis dedos se metan por las raíces de su pelo y acto seguido tiro de este. Tiro fuerte, trayéndome su cabeza atrás, dejando su cuello al descubierto e indefenso. Lo muerdo. Mi mano izquierda se queda sujetando su melena firmemente y con mi mano derecha voy sobando todas las partes de su cuerpo. Respiro hondo. Pongo mi mano debajo de su teta derecha y la acaricio con mucha dulzura. Cojo su pezón y lo pellizco. Me mira. cada vez respira más fuerte, puede sentir como esta poniendo cachonda. En mi muslo siento el calor que desprende su entrepierna. Vuelvo a morderle el labio dulcemente. Mientras ella aprovecha y me quita la camiseta. Vuelvo a tocar sus tetas. Son deliciosamente suaves, un poco caídas, de tamaño medio y con un pezón color canela del que podría estar mamando toda una eternidad. Son preciosas. Con mis uñas voy limando con minuciosidad todo su cuerpo, haciendo curvas para no dejar ni un ápice de su piel sin barrer. Llego a su culo, lo cojo con firmeza.  Lo abro para sentir bien sus dos mofletes entre mis manos.  Araño con delicadez su abdomen, voy bajando hasta llegar a la entrepierna. No la toco, despego mi mano un centímetro y la paso por encima. Siento un gran calor. Bajo mis manos cada una por un muslo y las subo por las caras internas de estos. Puedo sentir las gotas de su fluido que han ido resbalando por el precipicio de sus firmes piernas. Gotas que llaman al deseo. Me susurra. – Tócame ya-. Voy subiendo mi mano derecha, hasta su ingle, presiono con fuerza y  rodeo con mi dedo índice todo su coño. Acto seguido, bajo mis dedos por su vagina buscando el clítoris. Lo encuentran. Se detienen. Lo van aplastando poco a poco, haciendo una presión mínima, constante y cada vez mayor. Iyari suelta un tímido gemido. Empiezo a mover mi dedo índice de forma circular, sin dejar de apretar. Voy moviéndolo de forma muy lenta. Noto sus fluidos por debajo humedeciendo  su vagina de forma contundente. Le introduzco un dedo. Suelta un chillido agudo. Lo voy moviendo  verticalmente, haciéndolo salir y entrar. Empiezo paulatinamente, pero su forma de moverse esta haciendo que acelere la forma en que la toco. Se esta retorciendo. De repente se gira haciendo que mis manos salgan de su bragadura y me dice -Quiero sentirte dentro- . –Ven-. Estoy abstraído por la lujuria de su mirada. Sin apartar sus ojos de los míos va quitándome el pantalón. Una vez me lo quita, yo me quito los calzoncillos dejando ver mi órgano viril erecto. Lo empuña mientras se gira, mostrándome su espalda y su culo. Me pongo un condón nerviosamente. Apoya sus manos en la pared del probador y se inclina hacia delante. La toco, esta mojadísima. Introduzco dos dedos a la vez y dandole a estos un movimiento antihorario ensanchando cada vez más. Me coge el pene y me pone la punta en la puerta de su vulva. Siento su calor. Me quedo un rato disfrutando de esa frontera haciendo que solo entre la punta de mi glande. Empiezo a introducirlo. Muy poco a poco. Muy suavemente. Palpo todo su cuerpo, como si fuese ciego y tuviese que hacerme un mapa mental de ella. Finalmente la meto entera. Voy dándole mordisquitos en la espalda mientras me muevo con mucha ternura, hacia delante, hacia atrás. Mi cadera se mueve por una órbita que está siendo dibujada por sus gestos de placer. Está súper mojada y yo estoy preso en el éxtasis y en la lujuria. Da mucho gusto estar dentro. Quiero estar toda mi vida dentro. Me empano pensando, pensando en tonterías que ni siquiera yo entiendo. Pensando en ella, pensado en mí, en nosotros. Ella se toma el control y se menea al ver que yo me he quedado inmóvil. Me quedo enardecido por sus movimientos. Soy idiota por irme por las ramas con esos pensamientos. La saco, dejando solo dentro la puntita. Refriego mis uñas por todas su columna y le clavo mi pene como si fuese un puñal. Lo saco pausadamente y vuelvo a repetir la operación. Grita. Le tiro del pelo. La saco y la meto sin compasión, como si fuese una estaca. La saco y vuelvo a penetrarla como si fuese un ariete intentado demoler una puerta de un castillo. Cada vez la saco más despacio y entro más fuerte. Gira el cuello. Resopla. Se da la vuelta. Meto mi mano en su coño, esta vez sin delicadeza y empiezo a masturbarla de forma contundente. Tiene el lomo apoyado en el probador. Poco a poco va dejándose caer por la pared hasta quedar toda tumbada en el suelo. Yo no paro de masturbarla y quedo acostado a su lado. Saca mi mano de su entrepierna y se pone encima mía. Entra exquisitamente. Noto como hace sus músculos vaginales cerrarse, apretando mi miembro dentro de ella. Comienza a cabalgar con dulzura. Mis pupilas se impregnan de su cara regocijándose en su gozo, en su fruición. Sigo acariciándola. Sigue cabalgándome. De repente despego mi culo de suelo y lo elevo con ella encima haciendo que mi verga entre más. Bajo y vuelvo a subir, para que entre aún más y una vez arriba empiezo a describir círculos con mi cadera. Su frecuencia respiratoria cada vez va más deprisa. Me clava las uñas en el pecho. Me araña. Con mis brazos la mantengo suspendida, para así poder hacérselo más rápido. Chilla. Me coge del cuello. Le tapo la boca, me mira con ojos de cordero degollado. Sé que me esta pidiendo que no paré. Sigo. Más deprisa. Cierra los ojos, se le caen las gotas de sudor de la frente. De repente, sus piernas se ponen tensas. Se bloquea. Suelta un gemido y empieza a vibrar. Se está corriendo Yo intento seguir el ritmo, pero no puedo contenerme más. Ver como su cuerpo se convulsiona por el placer me pone aún más cachondo y mi grado de excitación es máximo. Me voy a correr, la miro fijamente. Me mira fijamente. Exploto. Mi energía se va encañonada chupando todo pensamiento de mi mente. Me quedo en blanco. Aún estoy dentro de ella. Ella reposa sobre mi pecho. Nos quedamos inmóviles por varios minutos. Nos miramos. Nos reímos. Su hoyuelo. Me gusta mucho. Estoy feliz de poder haber compartido este momento con ella. No se me borra la sonrisa de la cara. Los dos recordamos que estamos en unos probadores y nos apresuramos a salir de ahí cuanto antes. Como si acaso ahora correr importase. Salimos rápido. Los dos nos miramos tiernamente. No intercambiamos palabras. No hace falta. Vemos un reloj, quedan dos horas para su vuelo. Debemos volver al aeropuerto.

Nos montamos en el metro, ella esta entre mis brazos, de vez en cuando le voy dando besos en la cabeza. Ambos estamos pensando en nuestras cosas. Tengo serenidad, respiro tranquilo, no sé lo que será, pero sé que será positivo. Estoy feliz. Llegamos al aeropuerto. Andamos despacio. La abrazo por su espalda mientras le doy besos en el cuello. Coge su equipaje. Me entra un sentimiento amargo. Sé que se marcha. Como se puede echar de menos a una persona que conoces de menos de un día. La voy a echar de menos. Vamos andando para el mostrador, factura su maleta. Vuelve a ver una tensión rara. Ya no me deja que este tan acaramelado con ella. Supongo que es su manera de defenderse, su escudo, sabe que se tiene que ir y que posiblemente no nos volveremos a ver. La acompaño hasta su puerta de embarque. Le doy un abrazo gigante. La apretó bien fuerte, como si quisiese que no se me escapase.

Se da media vuelta y va hacia los controles de equipaje previos al embarque. Quiero correr y darle otro beso. Comerle otra vez el labio. Acariciarla de nuevo. Ver su hoyuelo cuando sonríe. Veo que pasa el control de equipaje y que su maleta poco a poco se va perdiendo por la puerta de embarque.

” Última llamada para los pasajeros del vuelo JQ 117 con destino Bali “

Como me alegra haber perdido ese avión.

 

Foto de @alfonsorieram

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4 comentarios

  1. Y a veces, simplemente pasa… 🙂

  2. Aceptas críticas?

    1. Claro! Para eso lo público!

  3. Hij@ de puta. · · Responder

    Querido Antonio, no sé ni por dónde empezar la crítica.
    Primero, tus párrafos son excesivamente largos, compuestos por infinidad de frases muy cortas, o muy largas, y sin comas. Quiero remarcar la ausencia de comas en tu texto.
    Personalmente, parece que ni siquiera te has vuelto a leer el texto antes de publicarlo. En tu teclado encontrarás diversos caracteres con los que puedes citar y/o expresar pensamientos de tus personajes, sin embargo, cuando éstos hablen, sus intervenciones deben ir precedidas de un guión, y no debes mezclar estas dos técnicas, véase -xxxxxx”.
    Cuando quieras expresar una pregunta, aunque sea retórica, cito “Como se puede echar de menos a una persona que conoces de menos de un día”, has de utilizar signos de interrogación, así como añadir tildes a los determinantes exclamativos e interrogativos. Un pequeño truco es que si puedes añadirle “coño” al determinante, lleva tilde. Ej: ¿Qué coño haces?, ¿Cuánto coño te pagan?, etc.

    Tampoco puedes alternar entre pasado y presente durante todo el texto como te venga en gana, decide si es en pasado o en presente.
    No hace falta que des tantos detalles innecesarios acerca de cosas banales como la duración del trayecto en metro, la parte del brazo que agarra Iyari, (dos veces además), entre otros.
    Puedes hacer este tipo de descripciones siempre y cuando el resto de la historia esté bien contextualizada, ya que tras el primer párrafo no sabes ni dónde coño está el protagonista, y tampoco describes cómo es el ambiente ni el lugar de Singapur, sólo sabemos que estuviste perdido en las calles de Asia, continente completamente homogéneo en cultura, arquitectura y costumbres (NO).

    Pasemos al tercer punto. Adjetivos. Has sido MUY tryhard con los adjetivos. Parece que hayas cogido los diez primeros libros que tuvieras a mano y hayas sacado todos los adjetivos pedantes y que sonaran más cultos que has visto y los hayas intentado meter con calzador en tu texto. No hagas eso. Los adjetivos “difuso”, “desfasado”, “barbitúrico” (WTF), no eran los adecuados para nada a la hora de describir los sustantivos a los que acompañaban.

    Siguiente. Cosas que NO debes incluir en un relato erótico. Constantes apologías a armas refiriéndose a tu miembro, véase “puñal”, “estaca” o “ariete”. Que lo puedes usar, pero con moderación, como todo en la vida, que parece que querías partir a la pobre chica y matarla de una hemorragia interna. Las uñas masculinas, NO, y repito, NO son eróticas, NO, y menos cuando quieres “limar su cuerpo haciendo curvas”.
    La palabra “vicioso” debería estar prohibida en este tipo de relatos, ya que nos hace visualizar al típico viejo verde masturbando su diminuto “órgano viril”, expresión que TAMBIÉN deberíamos evitar.

    Podríamos añadir más puntos a mejorar en tu estilo pero entendemos que estás aprendiendo y hemos reflejado lo más importante.
    Te invitamos a que leas más, y sobre todo a que sigas viajando.
    Sinceramente tuy@, anónim@.

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