La mar

-¡Abrázame!
Le grité a la ola que despuntaba al noreste.
-¡Abrázame!
Exclamaba mientras otra nueva legión de olas se alzaban invadiendo la infinita linea del horizonte.
Sollozaba delante de la eternidad, de lo inmenso, de lo libre, de lo inamovible. Mis lagrimas, al igual que un pez buscando la mar, bajaban por los meandros de mis mejillas, saltaban por la comisura de mis labios y se unían de nuevo con su madre. Ví la solidaridad de la lágrima. Ahora es parte de la infinita mar. Pataleo como un niño. Las olas me ignoran. Las nubes se ríen de mí. El viento muestra su poder de forma incasable, atormentando mi miserable cuerpo. Me susurra palabras que aportillan mis oídos de forma feroz y cruel.
Sssssoledad, sssss, sssoledad.
Jadeo alocadamente.
-!Sólo busco amor!, ¡sólo busco amor!

La mar empieza a rizarse fuertemente, el viento cada vez incordia más. Se levanta bravamente, vigorosa, interminable.

Me atrapó. De un segundo a otro era como una lagrima más, parte de la mar.

 

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Un comentario

  1. Me gusta mucho tu nueva forma de narrar sensaciones.
    Te animo a seguir trabajando.
    Es necesario ser consciente de la soledad para valorar la compañía.
    Todos venimos a este mundo en soledad, pero afortunadamente tenemos el inconmensurable e incondicional amor de nuestra madre para compensarlo.

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