Madrugadas

Tengo la vista nublada y los sentimientos aúllan estremeciéndose dentro de mi cuerpo de mortal. Mi ego está bulímico. Se hincha a comer y a comer y luego quiere vomitar y vomitar.

Y mientras, ahí estás tú, acompasando la música con tus movimientos alocados, como si te estuvieran zarandeando suavemente y te estuvieras regocijando de placer.

He dejado de pensar. Los pensamientos que orbitan mi cerebro han salido de su trayectoria y mi cuerpo solo quiere balancearse por el suave aroma que emanan los acordes estridentes de la guitarra.

Mientras la noche se diluía en minutos de oscuridad, mientras la luna surcaba el cielo, bailábamos.

Confundido y ebrios. Trazando un puente entre realidades. Nos daba igual el mundo, nos daba igual lo que cada uno tenía detrás, ajenos a las vidas que cada uno lleva, éramos desconocidos que se conocen, viviendo sólo el momento y nada más.

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Un comentario

  1. ¡Que chulo!
    Está rayando la poesía.
    Mientras lo leo, me transmite sensaciones que soy incapaz de escribir aquí.
    Me gusta mucho.

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