4. DENGUE

Recuerdo como me pesaban los párpados. La cabeza lenta. Las gotas de sudor frío. Los músculos inútiles. No fui capaz de levantarme, no albergaba  fuerza  para despegar mi cuerpo del suelo. Sólo pude mascullar dos tímidos gritos con la voz partida “¡Cristóbal, Cristóbal!

Cuando se acerco a mí pudo percibir que evidentemente no estaba bien. Me trajo algo de comida y agua. Pero era incapaz de comer nada. No tenía apetito.

Estaba lejos de casa, no tenía seguro médico ni dinero para permitirme ir a un hospital. El peso de la responsabilidad cayo torrencialmente sobre mí.

Pese a que tenía que hacer esfuerzos sobrehumanos, tuve que levantarme alguna vez que otra para ir al baño. Las camas donde dormiamos estaban elevadas del suelo, así que para ir al aseo debía bajar unas escaleras. Estaba debíl y famélico. Era incapaz de dar dos pasos sin ayuda. Iba andando pegado a la pared, ayudándome de todo apoyo que encontraba. De camino al baño sentía que me desmayaba y tuve que tirarme al suelo. Una joven mochilera china que estaba con nosotros, me atendió y me preparó una infusión de gengibre.

Esa misma noche, tenía unas ganas extremas de orinar. Recuerdo que estaba haciendo todo lo posible por aguantar y evitar la odisea que suponía levantarse y bajar las escaleras.
Las ganas vencieron, así que tuve que gastar mi último aliento para levantarme de la cama y bajar las escaleras. Cuando llegue abajo gire dos paso a la derecha y meé, no llegue hasta el baño. Estábamos en medio de la jungla, tampoco importaba tanto y llegar al baño se me hacía una misión imposible en las condiciones que me encontraba.
Tras mear, me encontraba exhausto por todo el esfuerzo que había tenido que realizar para llegar hasta abajo. Lo correcto hubiese sido descansar un poco, pero quería acostarme, no podía más. Así que me aventuré a subir las escaleras. Lo próximo que recuerdo es verme debajo de las escaleras con la cara sangrando, el cuello, la espalda dolorida y todo el cuerpo arañado. Me había desmayado subiendo las escaleras, no sé cuando tiempo estuve inconsciente pero cuando desperté no tenía ni idea de donde estaba y que había pasado. Una vez volví a la realidad, me tranquilice e intente concentrarme para llegar a donde estaba acostado sin otro percance. Respiré hondo, y despacio me incorpore, fui hacia las escaleras y a gatas las subí lentamente hasta llegar arriba.
Estaba preocupado, enfermo y dolorido. No sabía muy bien a que me estaba enfrentando. ¿Había cruzado la frontera?, porque ir de ” me da igual todo” está muy bien, pero ¿era esté el límite?. Me había dado de bruces con la realidad. Qué debía hacer, ¿Ir al hospital?¿Volver a España? ¿Avisar a mis padres?

Estaba paranoico por el golpe en la espalda y en el cuello. No sabía si a la larga podía pasarme factura y actuar aminorando mis funciones motoras.
Supongo que todo eso se me ocurría entre delirio y delirio causados par las altas fiebres.
Nos informamos sobre el Dengue. No tenía una cura específica, había que bajar la fiebre como fuese.

Los nativos de la isla nos enseñaron un truco para bajar la fiebre de forma natural. Consistía en coger la hoja de la papaya, machacarla, mezclarla con agua y filtrarla con un calcetín o alguna tela similar.

Debía beberme dos cucharadas por la mañana y dos por la noche. El sabor era horrendo y vomitivo. Pero la fiebre iba bajando y era lo que premiaba.

Cuando empecé a recuperar fuerza muscular y fui capaz de andar sin que me resultara una ardua tarea decidimos abandonar al isla donde estábamos e ir a una ciudad grande con hospital por si recaía y para poder descansar en un albergue con una cama de verdad y más comodidades.

Fuimos a Krabi. Estuve dos días más tirado en la cama recuperando fuerzas. Poco a poco me iba sintiendo mejor. Las fiebres estaban bajando y no me sentía al cien por cien pero sabía que había pasado lo más duro, que ahora se trataba de recuperar fuerza y descansar. Hable con mis padres y le conté todo lo que había pasado. No quería tampoco llamarlos antes para no alarmarnos, además preferida que se curaran las heridas de la cara para no darles un susto al hablar por Skype.

Tenía muchas ganas de abrazarlos.

 

 

 

 

Gracias vida.

P.D En el post anterior hay un enlace con la información sobre el Dengue. Lo pongo otra vez aquí.

P.D2: No tengo fotos de esos momentos, es una pena no poder documentarlo gráficamente. La foto que he puesto en la entrada es porque salgo feliz y cuando recuerdo todas estas historias, estoy feliz.

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Un comentario

  1. Aranzazu Sánchez · · Responder

    No dejes nunca de estar feliz , te quiero.

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