Me encuentro…

Me encuentro.

Los días pasan, al igual que los pensamientos que cruzan mi cerebro. Es vertiginoso pensar en la velocidad  con que rota la tierra, lo insignificante que somos y la magnitud que le damos a nuestros sentimientos en anteposición con el mundo. Como todo lo bueno que se precie, esto va a comenzar con una historia de amor.

¡Ay, qué ojos! Encandilado y con muchas ganas de amar, te amé. Me sumergí en un mar desconocido, en aguas de relación, donde yo era un inexperto navegante y me perdía a cada milla por no saber trazar un rumbo. Como cualquier niño con un juguete nuevo vivimos en extásis. Sólo queríamos estar juntos y disfrutar el uno del otro. Hasta ahí todo muy bonito.

En medio de la travesía se cruzaron millones de factores que quebrantaban la ilusión, 800 kilometros y otros muchos “peros” y “porqués”. ¡Ay, pero como nos aferrábamos al hierro ardiendo! Habíamos soñado tanto juntos que no queríamos que todo hubiese sido en vano. Como cualquier buen marinero siempre se quiere llegar a buen puerto.

Ahora hecho la vista atrás y analizo. Eramos guitarras desafinadas que sonaban en diferente tono. Los dos somos instrumentos bellos pero no sabíamos tocar juntos. Me veo y veo mi resignación.

¡Qué fácil es confundir la comodidad con la felicidad!. Mi cuerpo, ubicado lejos de mí, estaba ocupado como si de una maquina se tratase en hacer las tareas que le correspondían. Ir a clase, comer, dormir, estudiar. Pero mi mente estaba agobiada, asfixiada, ¡deseosa! de pasar el trámite y volver a donde ella para darle sentido y pasión a los sentimientos que tan felizmente me habían hecho antaño.

Pero acabó. Qué duro es decir adiós. El cariño y las vivencias siempre existirán y las albergo como recuerdos felices. Muchas veces he echado la vista atrás, he recordado con sumo anhelo el extásis del principio y me he preguntado ¿por qué no podemos vivir eso otra vez? Y entre tantas preguntas me hundí en la mar. No quería que esos sueños se hundieran conmigo y peleaba por rescatarlos, pero, me hundí en la mar.

Me quedé hundido, apenado y ciego. No conseguía ver la grandeza del mundo. Yo me encerraba en mi dolido corazón ¡Ciego! !Yo¡ ¡Qué sólo ansío ver y ver!

Un día, me dije:

– ¿Vas a estar así siempre? ¿Vas hacer algo para ponerle solución?

Y así lo hice. Empecé por quererme a mi mismo y para ello volví a hacer las cosas que amo. Una de ellas es escribir. Ahora lucho por ser la persona que quiero ser. Luego reparé en que había mucha gente que me había echado salvavidas mientras que me hundía en ese gélido mar y los había ignorado. Arreglar mis relaciones era el siguiente paso. También me propuse vivir con pasión, amando lo que hacía. Me había incluso demostivado frente a mis estudios académicos. No encontraba la misma satisfacción. No quería ser esa persona con cara larga, no quería seguir siendo un robot automatizado. ¡Joder!¡Con todo lo que tengo y lo que se me ha dado me duele que mi cabeza haya sido fuente de tales pensamientos! Pero esto ya se acabo ¡Se acabo!, ahora lleno mis días de pasión y de alegría. Escalo hacía mi felicidad en cada uno de mis actos y he dejado atrás la sombra gris que me perseguía. Ahora soy feliz cuando me levanto, pues se me brinda un nuevo día. Soy feliz cuando me acuesto, porque tengo oportunidad de descansar. Soy feliz porque vivo en una buena ciudad. Soy feliz porque hay millones de personas con las que hablar, comer, reír, bailar, follar, jugar, llorar, escuchar, amar, odiar. Hoy veo lo que es la vida, la veo plena. Tengo ganas de vivir. Tengo ganas de ser más quien soy. Soy feliz.

Gracias a tí por enseñarme a volar. Desde el corazón que te vaya bien, que seas feliz, que vivas la vida plenamente y que encuentres lo que buscas. Gracias.

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4 comentarios

  1. José Ignacio · · Responder

    Muy bonita esta historia de amor (o desamor) por la que ¡¡quién no ha pasado!!, y de la que casi siempre se sale fortalecido y beneficiado por la parte enriquecedora de la experiencia vivida.
    Un saludo.

    1. Muchísimas gracias por el comentario, me es súper grato saber que os gusta. Me da muchísima motivación y fuerza para seguir escribiendo. Gracias, que tengas un buen día!!

  2. Uauh! Precioso Antonio, hace tanto que no sé de ti y ver esto me ha conmovido y más aún porque yo ando pasando por esta situación. Sigue así de positivo y alegre porque al fin y al cabo la vida hay que cogerla y disfrutarla como sea. Un abrazo

  3. murziatropical · · Responder

    Los robots son de metales complejos llenos de chismes , cachivaches… que pesan mucho, no flotan y se hunden. Pero aunque la física de la vida nos diga que una piedra no puede flotar en el mar, llegara un loco , para poner un barco que pese mas que el mismo océano para surcarlo.
    no importa si el barco es de oro cobre o madera, lo importante es seguir recorriendo millas, no hundirse y llegar siempre a buen puerto.

    Dale caña!!

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