10. Lucknow. La India vence.

Lucknow fue el colofón que nos hizo querer huir de India. Como ya describo en el post anterior, cuando llegamos a Lucknow estábamos totalmente exhaustos. Nuestra prioridad inmediata era buscar un sitio para descansar.

Recorrimos las calles durante varias horas. Tuvimos la mala fortuna de que eran las fiestas de la ciudad y todos los albergues y hoteles estaban abarrotados. No había ninguna habitación disponible. Andamos y andamos por las bulliciosas calles de la ciudad, buscando cabizbajos, decaídos y con pasos casi enfermizos, un sitio donde poder descansar.

Estación de tren de Lucknow

Recuerdo un momento donde nuestros ánimos estaban totalmente hundidos y en los que no veíamos solución posible a la situación. Las lagrimas estaban esperando el último exhalo de nuestra valentía para inundar nuestros rostros, cegarnos, y así se daría por perdida la batalla. Pero no fue ese el desenlace. ¡Menos mal! Decidimos hacer un último intento. Necesitábamos dormir y nos daba igual dónde o cómo, simplemente colocar nuestro cuerpo de la forma más horizontal posible y dejar reposar los párpados. Decidimos ir a la estación de tren y colarnos en el próximo tren a Delhi para una vez allí, coger un avión con destino a Bangkok. Si intentábamos sacar el billete, lo más probable es que nos tirásemos años en la cola y que nos dijeran que no había espacio, y si nos metíamos en los vagones donde viajamos anteriormente ( Como se describe en la entrada, La india de las mil caras ), no tendríamos una pizca de espacio vital donde recostarnos. Pensamos que la mejor solución era entrar a un vagón de tercera clase sin billete, donde al menos puedes acostarte en el suelo y una vez que venga el guardia pagar la multa, que viene siendo 5 o 6 € más del precio del billete estipulado. Y eso fue exactamente lo que hicimos. Nos adentramos en un vagón de tercera clase y nos hicimos un par de amigos hindues, con los que pudimos compartir historias y agradables conversaciones. Cuando la gente empezó a acostarse nosotros hicimos lo mismo. Metimos medio cuerpo debajo de las literas del vagón, en el suelo y allí pasamos la noche. No era un sitio cómodo. A pesar de que la gente constantemente pasaba por encima de nosotros y de que los revisores nos despertaban para ver si habíamos pagado la penalización, fue un viaje bastante agradable. Necesitábamos dormir y así lo hicimos. A la mañana siguiente amanecimos en la loca Delhi, recorriendo las estrechas y ajetreadas calles del barrio de Paharganj, que tan especial encanto tienen para mí. Nos instalamos en un albergue en este mismo barrio. ¡Ay una cama!¡Cuánto había echado de menos una cama!…

paharganj

 

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