9.India: Bareilly, nuestro infierno personal.

India amanecía una vez más. El día estaba comenzando y aunque no habíamos podido descansar, teníamos que actuar y ver que hacer.

Primero decidimos esperar a que abrieran las taquillas de la estación de trenes e intentar coger un vagón donde al menos pudiéramos acostarnos, como en el que viajamos desde Chennae hasta Delhi. Pero aún era muy temprano y  estaban cerradas. Así que decidimos explorar un poco la ciudad en busca de un albergue caritativo que nos dejará descansar, al menos un par de horas.

Nadie nos quería echar una mano. Querían cobrarnos tarifas desorbitadas por unas horas. Llamamos a casas de vecinos, todos nos ignoraban. No querían tener que ver con nosotros. No se molestaban ni en escucharnos. No conseguimos ningún lugar para descansar  y tampoco conseguimos guardar las mochilas para no llevarlas cargando. El sol en India muestra su fuerza desde bien temprano y recorrer las calles de Bareilly cargados con todo, sumando el cansancio extremo que albergábamos, reflejado en cada uno de nuestros arrastrados paso y la poca fortuna que estábamos teniendo con la gente a la que le pedíamos ayuda, estaba creando un coctel de impotencia, al que le faltaba poco para acabar con nuestros sueños y expectativas.

Bareilly

Bareilly. Foto de Google

Hartos de vagar por la ciudad, sin éxito, volvimos a la estación de tren, y aunque las taquillas no habían abierto, ya se había generando una tediosa cola. Sacar un billete de tren en India como ya he mencionado en antiguos post, es bastante complejo. Hablé con todo aquél con el que era capaz de entenderme para que me explicaran un poco lo que debía hacer. Un Indio que albergaba uno de los primero puestos de la fila hablaba un buen inglés y me explico paso por paso lo que tenía que hacer. Su amabilidad era desmedida. A mis ojos era un ángel en el infierno en donde nos encontrábamos (infierno mentalmente. No quiero decir que Bareilly sea ningún infierno ni nada de eso. Quizás en otras condiciones no me parezca para nada lo que me pareció). Las veces que le dimos las gracias fueron incontables y el insistía con gran ímpetu que no debíamos darle las gracias, que como ciudadano Indio era su deber ayudarnos, que él era un anfitrión y debía procurar que sus invitados se sintieran bien. Hago hincapié en este personaje porque en el estado de fragilidad mental en el que nos encontrábamos,  fue una pieza clave y el protagonista de otra gran lección del país de las mil caras.

Tras unas horas de espera, era nuestro turno para sacar los billetes que tanto deseábamos. Conseguir un hueco en el tren, significaba un lugar donde reclinarnos, despreocuparnos un poco y descansar. Pero no tuvimos suerte. Todo estaba lleno. El próximo tren con dos plazas no pasaba hasta dentro de dos días. Nuestra moral estaba al mínimo, no parábamos de recibir palos, aún así no nos rendimos. Salimos de la estación de tren y fuimos a la estación de autobuses, a ver si desde allí teníamos más suerte.

En india, sobretodo para distancias largas, es mejor evitar los autobuses. Ya os he hablado otra veces como son la mayoría de los autobuses allí. Teníamos que salir de Bareilly porque tampoco habíamos encontrado ningún sitio donde descansar por un precio medianamente económico, al ser de piel blanca, querían cobrarnos el triple de lo que normalmente vale un hostal en India.

No había ningún autobús directo a Venarés pero había uno hacía Lucknow, una ciudad bastante grande en India. Era bueno el factor de que fuese una gran ciudad porque imaginábamos que significaría bastante oferta en cuanto a sitios donde dormir. El trayecto eran 6 horas, que para lo que estábamos acostumbrados era un trayecto corto. Así que decidimos ir hacía allá.

Tras esperar un par de horas en la estación de autobuses a que llegará el que nos llevaría a Lucknow nos subimos en él. En el fondo esperaba que no fuese un típico autobús Indio. Esperaba que al menos tuviese cristales para apoyar la cabeza y dormir un poco, pero mis esperanzas fueron en vano. Era una autobús de la misma índole que todos los otros, un cacharro de hojalata con ruedas. A las alturas que estábamos todo nos daba igual. No estábamos para ser tiquismiquis, pero ¡qué pronto se acostumbra uno a lo bueno y qué difícil es dejarlo!.

Durante la travesía en autobús estuvimos entretenidos con los paisajes que corrían sin descanso a ambos lados del vehículo. Finalmente llegamos a Lucknow.

Lucknow no luce como el resto de ciudades en India. Parece ser que es una ciudad con buenas universidades y tiene el aspecto de ser una ciudad más señorial. Creo que es la única ciudad de India en la que vi un parque como tal, con césped y fuente, cosa que me llamo bastante la atención.

Lucknow

Lucknow. Foto de Google

Ya estaba oscureciendo cuando llegamos. Finalmente bajamos del autobús, agarramos nuestras pesadas mochilas, miramos a ambos lados de la calle, nos miramos y pensamos por donde empezar.

Debíamos encontrar un alojamiento. Lo necesitábamos. Aún no habíamos descansado bien. Las mochilas cada vez pesaban más, las piernas cada vez arrastraban más, los pasos cada vez costaban más…

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2 comentarios

  1. Hola.
    No me conoces pero alguien a quien quiero mucho me ha hablado de ti.(muy bien)
    Después de leer un poco tu fantástico viaje por la India,me viene al recuerdo un libro muy interesante que te recomiendo,SHANTARAN.
    Después de tu viaje seguro que te apasiona.
    Saludos

    1. Muchas gracias por la recomendación y por animarte a comentar :D. Sin ninguna duda le echaré un ojo al libro!. Gracias de nuevo

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