6.India: Dirección Himalaya (2º Parte)

Antes de comenzar la subida al Himalaya desde Rishikesh decidimos dar una vuelta por sus calles. Así que usamos la mañana para explorar un poco la ciudad, coger un poco de fuerza y comprar algo de comida para poder afrontar las millones de horas de autobús que nos aguardaban.

Desde mi punto de vista Rishikesh tiene bastante encanto, aunque es muy bien sabido por los locales que es uno de los sitios más visitados en India por los turistas, y por consecuencia, se intentan aprovechar al máximo de este. Hay muchas ofertas para turistas, donde sin duda, la más elegida es la de hacer rafting por las aguas del río Ganges. Este fluye a través de Rishikesh. Y a las orillas de él se pueden ver numerosos templos y una gran estatua de Shiva que sin duda es uno de los símbolos de la ciudad.

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Tras un agradable paseo decidimos retomar nuestro rumbo. Fuimos a la estación de autobuses y empezamos a preguntar cuando salía el autobús que debíamos tomar para llegar a “Gaurikund”, pueblo desde donde accederíamos hacía Gaumukh.

Descubrimos que no había autobuses directos y que íbamos a tener que hacer algún que otro transbordo. Finalmente conseguimos descubrir que autobús debíamos tomar. Este descubrimiento nos hizo tragar saliva y apretar los dientes. El autobús estaba repleto y aun quedaba media hora para que este saliera, era bastante estrecho y una vez dentro nos percatamos que también bastante incomodo, era imposible estirar las piernas. Yo tuve la suerte de estar sentado en la “ventana”, y sí pongo “ventana” porque realmente eran una rejas a a la altura de la cabeza que hacían imposible el echo de estar apoyado. Señalo este dato porque cuando nos toca ventana es lo que todos realmente hacemos. Pero sin duda el hecho que más miedo nos transmitía era que el autobús originalmente blanco se encontraba manchado por unas curiosas salpicaduras rojas y amarillas debajo de cada ventana. Las salpicaduras se habían producido en movimiento, porque tenían la típica estela de velocidad. No nos costo mucho deducir que esos lamparones realmente eran vómitos y escupitajos de muchas de las personas que realizaban ese trayecto, lo cual nos decía mucho sobre como iba a ser este. Mencionar aquí que todos los autobuses que tomamos de aquí en adelante en la zona de los Himalayas eran de condiciones parecidas a estas, decorados con vómitos a los lados, estrechos e incomodos. Pero bueno, mejor eso que nada.

ImagenFoto sacada de Google. Para que hagáis una idea más o menos.

Comenzamos la ascensión por los sinuosos y traqueteantes caminos. A mi particularmente, me hace gracia pensar en la seguridad vial que se tiene en cuenta en occidente y la del resto del mundo. Si un vehículo venía en dirección contraria, y se veía con antelación, uno de los dos se estaciona en algún lugar donde el camino fuese algo más ancho, para permitir el paso del otro. Para las curvas de poca visibilidad se utilizaba el método del pitido, es decir, pitar y rezar porque nadie viniese.

A las pocas horas de comenzar el viaje ya había bastante gente enferma, vomitando debido al mareo. El chico que estaba a mi lado era uno de ellos, así que le cedí mi asiento al lado de la ventana. En todos los autobuses que subimos también recuerdo que mínimo alguien de abordo vomitara, digo estos datos para que os hagáis una idea de a que tipo de calzadas nos estábamos enfrentando.

Nuestro propósito era firme y no nos achantamos a pesar del olor a vomitado, las curvas, las vertiginosas vistas, donde sin duda era mejor no asomar la cabeza para verlas, y otro algún que otro inconveniente.

Ese día, nos vimos con mucha fuerza. He hicimos todos los transbordos necesarios para llegar a Gaurikund en unas 11 horas desde que comenzamos el trayecto en Rishikesh, con un tiempo máximo de 5 minutos entre transbordos. Yo estaba convencido de que lo estábamos haciendo bien, porque normalmente saber que autobús debes coger o a que hora sale, es una gran complicación. Pero aquí salíamos y el autobús estaba ahí a falta de unos minutos para partir. Seguramente todo estuviese programado así, pero a mi me daba buena espina, así que sin permitirle a nuestra cabeza si quiera dudar de ello, nos embarcábamos. Debo admitir que en el último transbordo tuvimos nuestras dudas, estábamos muy cansados. Quizás fuera mi culpa la que nos precipito a tomarlo sin seguir haciéndonos preguntas de si debíamos o no. Mis argumentos aunque no los recuerdo bien eran varios. El primero sería que en el pueblo donde estábamos no había nada y nos iba a resultar difícil buscar algún sitio para dormir, ya que sólo había una carretera y a los lados de esta tienditas, y tras estas un gran acantilado y una escarpada pared. Lo segundo es que el autobús estaba ahí y que si lo lográbamos dormiríamos en Gaurikund lo que significaba amanecer con un día de ventaja. Hoy día me pregunto el porque tanta prisa en nuestro viaje y en nuestras acciones. No teníamos ninguna prisa, y muchas veces nos limitamos a movernos sin más. El tercer argumento y seguramente el más importante fue una explicación diciendo algo que los dos sabíamos pero que nos teníamos que recordar a menudo “ Es el cuerpo el que está cansado, es el cerebro quien nos manda descansar porque estamos fuera de nuestra zona de confort, nuestro corazón sabe que hacemos lo correcto pero a nuestro cerebro no le gusta estar sometido, por eso nos envía tanta negatividad que se transforman en quejas y refunfuños”. Yo desde mi pasado incidente en el tren y mi reflexión de este, me hice prometer dejar mi vicio por las quejas y censurarlas lo máximo posible. Normalmente cuando pongo en mi boca  una queja es porque no tengo nada más que decir, ¿pero realmente es mejor la queja que el silencio? me pregunto.

Llegamos a Gaurikund, sentimos el frío, el cual nos dio una gran sonrisa a ambos. ¡Cuánto habíamos añorado el calor de las prendas cubriendo nuestro cuerpo!. Nos adentramos en el pueblo con ayuda de las linternas. No había ni una luz, debido a los numerosos cortes de electricidad que se daban a lo largo del día. Paseando por el pueblo, dos periodistas indios nos pararon y nos hicieron un par de preguntas relacionadas con nuestra visita a ese lugar.  Le preguntamos donde podíamos dormir y nos dijeron donde estaban ellos alojados. En el pueblo todo estaba cerrado menos ese albergue, nos explicaron que la temporada aun no había comenzado, y que por eso aun permanecía todo cerrado.

Cenamos algo y nos fuimos a dormir, estábamos ilusionados porque nos encontrábamos cerca de nuestro destino. A la mañana siguiente vimos un gran movimiento en el pueblo, la gente estaba preparándose para le temporada, esta comenzaba el 12 de mayo, (nosotros llegamos allí el 9 de mayo).

Dimos una vuelta por el pueblo, la verdad es que si no fuera por todas las horas que necesita uno para ir allí os lo recomendaría sin duda. Una de las cosas que más encanto le daban a este eran las piscinas de aguas termales que encontrabas en las calles, donde a pesar del frío, el agua se encontraba ardiendo. Nosotros tuvimos el placer de disfrutar de un corto baño en una de ellas mientras el sol lucía fuertemente sobre el cielo.

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Fotos sacadas de Google.

Sobre la hora de comer nos encontramos otra vez a los periodistas, los cuales nos siguieron preguntando por nuestro destinos. Insistían en si estábamos allí para ver el comienzo de la temporada, el cual decían que sería espectacular, se preveía muchísima gente. Nosotros le dijimos que estábamos allí para ahí a Gaumukh y nuestra sorpresa fue su reacción. Nos dijeron que eso era imposible.  A pesar de que sólo hubiese 30 km de distancia era imposible llegar a Gaumukh desde allí, que debíamos hacerlo desde Gangotri, y que para ir a Gangotri teníamos que bajar a Rishikesh y subir por otro lado.

Se me rompió el alma, me era imposible creerlo así que intente verificar esa información lo máximo posible. Me dejaron varias guías que tenían y parecían estar en lo cierto, aun así verifique preguntando a gente aleatoria en la calle. El principal motivo por el que no se puede acceder hasta Gaumukh desde allí es porque entre el camino se encuentran dos picos de aproximadamente 5000 metros de alto. Debo de confesar que Cristóbal y yo odiábamos la idea de tener que volver a bajar, y casi que preferíamos el hecho de inventarnos una ruta alternativa bordeando los picos, pero aun así era una idea más que suicida, la cual no tardamos en abandonar. También pensamos bajar hasta rishikesh haciendo rafting, pero por el camino habíamos visto saltos en el río a los que muy difícilmente lograríamos sobrevivir, por lo que tuvimos que resignarnos y aceptar que teníamos que volver a bajar.

El día anterior a este teníamos la ilusión de que casi habíamos llegado. Todo se nos derrumbo, pero no nos íbamos a venir a bajo, teníamos un propósito y no íbamos a renunciar a el, todo lo que estaba pasando eran simplemente pruebas.

Continuará…

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