2.Primeros días en India

Poco a poco iré contando mi aventura por el sudeste asiático.

Hoy voy a seguir con la tarea de contar como fueron mis primeros días en India.

Amanece temprano. El alboroto de las calles revela que ha comenzando la jornada. No son siquiera las seis y media de la mañana. Conseguimos que nos dejaran la azotea de un templo para pasar las noches allí. Recojo mi mosquitera y mi aislante y lo coloco en una esquina de la terraza. Miro el sol. Desde la terraza del templo se puede apreciar el caos de las calles. Sonrío y doy las gracias.

Thiruvannamalai es un pueblo situado al sureste de la India. Son varias las razones por la que Cristóbal y yo decidimos venir a este lugar. Este pueblo está en la falda de una montaña llamada Arunachala, sagrada para la cultura hinduista y alberga una gran energía.  La montaña representa una de las divinidades más importantes en el Hinduismo, Shiva. También en este pueblo habitó Ramana Maharsi, un maestro que dejó una importante enseñanza sobre la indagación del alma. Y  plantea soluciones con la herramienta de la pregunta, ¿quién soy yo? a todos los problemas habidos y por haber.

El psicólogo Suizo Carl Gustav Jung describe así sus enseñanzas: “Lo que encontramos en la vida y las enseñanzas de Sri Ramana es la más pura esencia de la India. Su aliento de una humanidad liberada del mundo es un canto de milenios… para el hindú está claro que el sí-mismo, en cuanto fuente espiritual, no es diferente de Dios y en la medida de que el hombre permanece en su sí-mismo, no sólo está contenido en Dios, sino que es Dios mismo. Respecto de esto, Sri Ramana es clarísimo. La sabiduría y misticismo de Oriente tienen por lo tanto mucho que decirnos. Están ahí para recordarnos las cosas similares que tenemos en nuestra propia cultura y que hemos olvidado… Nada menos que el destino de nuestro hombre interior. La vida y las enseñanzas de Sri Ramana no sólo son importantes para el hindú, sino también para el occidental. No sólo configuran un documento de gran interés humano, sino también un mensaje de advertencia, dirigido a la humanidad que corre el riesgo de perderse en el caos de su inconsciencia y de su falta de control.”

Particularmente no estoy del todo familiarizado con la cultura Hindi. Vinimos aquí porque estábamos un poco perdidos y decidimos que las enseñanzas del ¿quien soy yo? nos ayudarían para avanzar en nuestro camino.

La intención inicial al llegar al pueblo era darle 108 vueltas a la montaña; cada vuelta son 16 km aproximadamente. Queríamos hacerlo mientras poníamos en prácticas las enseñanzas del ¿ Quien soy yo ?  Lo que no tuvimos en cuenta a la hora de elegir nuestro destino inicial era el clima. Estábamos en pleno verano en la India y cuarenta grados era la temperatura media. Aun así, después de la primera noche (narrada en un post anterior) sin haber pegado ojo decidimos intentar dar la vuelta a la montaña. Un plan no del todo acertado. El calor y el cansancio nos hacía beber mucha agua. Cuando nos vimos sin agua y mareados habiendo recorrido un cuarto de camino, decidimos volver por donde habíamos venido.

Ese día, mendigamos una sombra por todo el pueblo hasta acabar acostados donde los pobres se echaban.

Nuestros días pasaban sencillos y tranquilos. Nos despertábamos temprano e íbamos a un áshram (en el hinduismo, es un lugar de meditación y enseñanza hinduista, tanto religiosa como cultural, en el que los alumnos conviven bajo el mismo techo que sus maestros para meditar y hacer prácticas). Allí meditábamos, leíamos y observábamos las travesuras que los monos iban haciendo a su paso.

Al poco de llegar nos enteramos de que en las lunas llenas una gran multitud de gente le da la vuelta a la montaña, pero que justo esta luna llena iba a ser especial y se iban a juntar más de dos millones de personas para hacer el recorrido ya que había eclipse de luna.

Desde bien entrada la mañana de este día se podía ver la marea de gente que andaba por la carretera que rodea Arunachala. El gentío era tan grande que se hacía imposible cruzar al otro lado de la carretera. Había altavoces colocados estratégicamente por todo el camino, haciéndolo todo mucho más escandaloso. Me sorprendió la manifestación tan multitudinaria y su gran devoción. Nosotros decidimos dar una vuelta cuando el sol cayese.

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Dimos la vuelta meditando, dejándonos llevar por la marea humana y repitiendo con ellos muchos de los mantras que cantaban.

Al cabo de  unos diez días fuimos a un restaurante a cenar y durante la cena discutimos de diversos temas; ¿cuanto tiempo nos quedaríamos más en ese pueblo?, la necesidad de encontrar un trabajo, etc.… No teníamos nada claro. De pronto un alemán se acerco a nuestra mesa y nos ofreció trabajo como extras de cine en unos estudios en Chennai y nos dijo que vendría un autobús privado a por nosotros, al día siguiente.

De un segundo a otro nuestras dudas de la cena desaparecieron. Ahora la única que teníamos era la fiabilidad del trabajo… Demasiado fácil para ser verdad, ¿no?.

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